martes, 14, julio

Qué aceite usar en verano: el más viscoso no siempre protege mejor

El termómetro exterior marca 41 grados, el asfalto parece derretirse y el coche afronta el viaje más exigente del año con el maletero lleno, el aire acondicionado funcionando y varias horas de autopista por delante. En ese momento resulta fácil pensar que el motor agradecerá un aceite más “espeso”.

La intuición parece razonable: si el calor hace que el aceite fluya con mayor facilidad, uno más “grueso” debería proteger mejor. Pero el término técnico correcto no es denso ni espeso, sino viscoso. La viscosidad expresa la resistencia que ofrece un fluido a circular; la densidad, en cambio, relaciona su masa con el volumen que ocupa. Son propiedades diferentes. En el lenguaje cotidiano podemos hablar de un aceite más o menos “espeso” para entendernos, pero a partir de aquí hablaremos de aceites más o menos viscosos.

Y la primera respuesta importante es esta: tu coche no necesita automáticamente un aceite más viscoso porque haya llegado el verano.

Un motor diseñado para trabajar con un 0W-20 puede recorrer Andalucía a más de 40 grados sin necesitar un 5W-40. Otro motor puede exigir un 5W-30 durante todo el año, mientras que un vehículo veterano quizá admita varias viscosidades en función de la temperatura ambiente.

La elección no depende únicamente del calor que haga en la calle. Depende del diseño del motor, de sus tolerancias internas, del caudal de la bomba, de la presión del circuito, de los sistemas hidráulicos, del turbo, del tratamiento de los gases de escape y de las especificaciones que haya establecido el fabricante.

El aceite no se elige mirando la previsión meteorológica. Se elige consultando el manual del coche.

Por qué un 0W-20 no se queda corto en agosto

Para saber qué estamos comprando hay que entender códigos como 0W-20, 5W-30 o 5W-40. Son grados de viscosidad definidos por la norma SAE y describen cómo debe comportarse el lubricante en frío y a alta temperatura.

La primera cifra, situada antes de la letra W, está relacionada con el funcionamiento a bajas temperaturas. La W procede de winter, invierno en inglés. Cuanto menor es esa cifra, mayor facilidad tiene el aceite para circular y ser bombeado durante un arranque en frío.

La segunda cifra indica su grado de viscosidad cuando está caliente. Un SAE 40 mantiene una viscosidad mayor a alta temperatura que un SAE 30, y éste, a su vez, es más viscoso que un SAE 20.

Pero esos números no son grados centígrados. Un 0W-20 no significa que funcione desde 0 hasta 20 grados, ni un 5W-40 que esté pensado para temperaturas exteriores de 5 a 40 grados. Son categorías técnicas de comportamiento.

Aceite Comportamiento a baja temperatura Grado de viscosidad en caliente
0W-20 Muy buena circulación en frío SAE 20
5W-20 Buena circulación en frío SAE 20
0W-30 Muy buena circulación en frío SAE 30
5W-30 Buena circulación en frío SAE 30
5W-40 Buena circulación en frío SAE 40
10W-40 Menor fluidez en frío SAE 40

Un 0W-20 y un 5W-20 pertenecen al mismo grado SAE 20 cuando trabajan en caliente. La principal diferencia aparece a baja temperatura, donde el 0W debe cumplir requisitos más exigentes de bombeabilidad y arranque.Lo mismo sucede con un 0W-30 y un 5W-30. Ambos son SAE 30 en caliente, aunque el primero circulará mejor en condiciones de frío intenso.

En cambio, un 5W-40 sí mantiene una viscosidad mayor en caliente que un 5W-30. Eso no significa que sea automáticamente mejor. Más viscosidad no equivale siempre a más protección, del mismo modo que una presión arterial más alta no significa que el organismo funcione mejor.

El circuito de lubricación está diseñado para mover una determinada cantidad de aceite con una viscosidad concreta. Si utilizamos un producto excesivamente viscoso, puede tardar más en llegar a determinadas zonas durante el arranque, exigir más trabajo a la bomba, aumentar las pérdidas mecánicas y alterar el funcionamiento de sistemas hidráulicos como la distribución variable o los tensores de la cadena.

Si utilizamos uno demasiado poco viscoso para un motor que no ha sido diseñado para él, la película lubricante podría no mantener la resistencia necesaria en condiciones de alta carga. Por eso el fabricante fija un equilibrio. Ni más viscoso por sistema ni menos viscoso para ahorrar combustible: el adecuado para ese motor.

El motor trabaja a mucho más calor que el aire exterior

Otro error frecuente consiste en imaginar que el aceite pasa de trabajar cómodamente en invierno a enfrentarse de repente a los 40 grados del verano. En realidad, un motor alcanza temperaturas internas muy superiores durante todo el año. El lubricante ya trabaja caliente aunque en la calle haya 10 grados. La refrigeración, el intercambiador de aceite, el cárter, el caudal de la bomba y la propia formulación del lubricante están calculados para mantenerlo dentro de su rango de funcionamiento.

Pasar de una temperatura exterior de 25 a 40 grados aumenta la exigencia térmica, especialmente circulando rápido, subiendo puertos o con el vehículo cargado. Pero no convierte automáticamente en inadecuado el aceite recomendado por la marca.

Los motores modernos que utilizan 0W-20, 0W-30 o incluso viscosidades inferiores han sido desarrollados alrededor de esos lubricantes. Sus conductos, bombas regulables, cojinetes, segmentos, turbocompresores y sistemas de distribución necesitan que el aceite alcance rápidamente todos los puntos y mantenga el caudal previsto.

Un 0W-20 no es un aceite “aguado”. Es un lubricante formulado para conservar unas propiedades concretas en frío, a temperatura normal de trabajo y bajo fuertes esfuerzos de cizallamiento. Si el manual establece que debe utilizarse durante todo el año, el mes de agosto no invalida la recomendación.

La viscosidad es importante, pero no basta

Llegamos así al error más común cuando se compra aceite: buscar únicamente un envase que indique 5W-30, 0W-20 o 5W-40. Dos aceites pueden compartir la misma viscosidad SAE y, sin embargo, estar formulados para motores completamente diferentes. Además del grado de viscosidad, hay que comprobar el nivel de prestaciones y, cuando exista, la homologación específica de la marca.

En la garrafa deben buscarse tres referencias:

Qué hay que comprobar Ejemplo Qué indica
Viscosidad SAE 0W-20 o 5W-30 Comportamiento viscoso en frío y en caliente
Norma de prestaciones ACEA C2, C3, C5 o API Ensayos y nivel de protección que supera
Homologación del fabricante VW, BMW, Mercedes, Renault, Ford, Stellantis… Compatibilidad concreta con determinados motores

La homologación no es una frase comercial. Puede establecer límites sobre formación de depósitos, oxidación, desgaste, limpieza de pistones, protección del turbo, compatibilidad con filtros de partículas, consumo de combustible o estabilidad del aceite durante todo el intervalo de mantenimiento.

Por eso no todos los 5W-30 sirven para todos los coches que utilizan 5W-30.

Un motor puede exigir un aceite de baja formación de cenizas para proteger su filtro de partículas. Otro puede necesitar una determinada resistencia a la oxidación o una viscosidad mínima bajo alta temperatura y fuerte cizallamiento. En ambos casos podría aparecer 5W-30 en la etiqueta, aunque los productos no fueran intercambiables.

La marca impresa en la garrafa tampoco es lo más importante. Se puede elegir entre distintos fabricantes de lubricantes, pero el producto debe cumplir exactamente la viscosidad, la norma y la aprobación exigidas por el vehículo.

Tampoco basta con leer reclamos como “100 % sintético”, “máxima protección” o “especial altas temperaturas”. La especificación técnica manda sobre el mensaje publicitario.

Entonces, ¿qué aceite debo usar este verano?

En la inmensa mayoría de los coches modernos, el mismo que prescribe el fabricante para el resto del año. Si el manual indica exclusivamente 0W-20 con una homologación concreta, ésa es la elección correcta tanto en enero como en agosto. No hay que pasar a un 5W-30 o un 5W-40 por iniciativa propia para afrontar las vacaciones.

Si establece un 5W-30 durante todo el año, tampoco existe una ventaja automática por sustituirlo por un 5W-40. Puede parecer más protector porque es más viscoso en caliente, pero el motor puede no necesitarlo ni estar calibrado para trabajar con él.

La situación cambia cuando el fabricante admite varias viscosidades. Algunos manuales, especialmente de vehículos veteranos, incluyen una tabla que relaciona las distintas graduaciones con la temperatura ambiente o con determinadas condiciones de utilización. En ese caso sí puede elegirse una opción más viscosa en caliente, pero sólo entre las alternativas expresamente autorizadas.

Por ejemplo, si el manual permite tanto 5W-30 como 5W-40 para el clima y el uso previstos, ambos pueden ser correctos. Si únicamente menciona 0W-20, no debemos suponer que un 5W-40 será mejor porque el verano sea caluroso.

En coches antiguos con muchos kilómetros puede aparecer otra situación: consumo elevado de aceite, pequeñas fugas o pérdida de compresión. En determinadas mecánicas, utilizar una viscosidad superior autorizada puede reducir algo el consumo. Pero no repara segmentos, retenes, guías de válvula, sistemas de ventilación del cárter ni turbocompresores desgastados.

Un aceite más viscoso puede disimular un síntoma; no arregla la causa.

Antes de modificar la viscosidad conviene verificar cuánto aceite consume realmente el motor, comprobar si existen fugas y consultar qué márgenes admite su fabricante.

El verano pone a prueba el nivel, no sólo la viscosidad

Cuando llega el calor prestamos mucha atención al tipo de aceite y bastante menos a algo más elemental: cuánto queda dentro del motor. Circular con el nivel próximo al mínimo reduce la cantidad disponible para lubricar, limpiar y ayudar a evacuar calor. También deja menos margen si el motor consume aceite durante un viaje prolongado.

Antes de salir de vacaciones conviene comprobarlo siguiendo el procedimiento del vehículo. Algunos coches se miden con el motor frío; otros, después de apagarlo y esperar unos minutos. Los modelos sin varilla física utilizan un sensor electrónico y pueden exigir una temperatura o una posición concreta. En todos los casos, el coche debe estar estacionado sobre una superficie horizontal.

El nivel debe encontrarse entre las marcas mínima y máxima. No es necesario mantenerlo obsesivamente pegado al máximo, pero nunca debe caer por debajo del mínimo. Tampoco conviene sobrepasar la cantidad indicada.

Llevar demasiado aceite no protege más. El exceso puede favorecer su aireación, elevar la presión interna o hacer que llegue a la admisión y a los sistemas anticontaminación.

También conviene revisar cuándo corresponde el siguiente cambio. Si el intervalo va a vencer en mitad de un viaje de varios miles de kilómetros, puede resultar razonable adelantar la revisión. Si todavía queda margen suficiente, no hay necesidad de cambiar un aceite en buen estado únicamente porque haya empezado el verano.

Un viaje largo por autopista tampoco degrada necesariamente el lubricante más que cualquier otro uso. El motor permanece caliente y estable, con menos arranques en frío que en una sucesión de trayectos urbanos cortos. La exigencia aumenta con velocidades elevadas, fuerte carga, altas temperaturas o largos puertos de montaña, pero el intervalo debe ajustarse sólo si el fabricante contempla esas condiciones como uso severo.

Qué llevar en el maletero

En un viaje largo merece la pena llevar un envase de un litro del mismo aceite utilizado en el motor, sobre todo si el coche tiene cierta antigüedad o sabemos que consume algo entre revisiones. Lo ideal es rellenar con el mismo producto. Cuando no sea posible, habrá que buscar otro que comparta la viscosidad y, especialmente, las especificaciones exigidas.

En una emergencia, circular con el nivel correcto utilizando un lubricante compatible suele ser preferible a continuar con el aceite por debajo del mínimo. Después deberá comprobarse la mezcla y actuar según las indicaciones del fabricante o del taller.

Los aditivos adicionales, en cambio, no son necesarios. Un aceite moderno ya contiene una combinación equilibrada de detergentes, dispersantes, antioxidantes, modificadores de fricción y agentes contra el desgaste. Añadir otro producto puede alterar su formulación sin aportar una mejora demostrable.

Y hay una señal que nunca debe confundirse con un simple aviso de nivel. Si se enciende el testigo rojo de presión de aceite mientras circulamos, hay que detenerse en un lugar seguro y apagar el motor cuanto antes. No significa necesariamente que baste con añadir lubricante: puede indicar ausencia de presión por una avería en la bomba, una fuga importante o cualquier otro problema grave. Continuar conduciendo puede destruir el motor en muy poco tiempo.

La respuesta rápida, coche por coche

Si tu coche es moderno y prescribe una única viscosidad, utiliza exactamente esa durante todo el año, respetando también la homologación.

Si el manual admite varias viscosidades, elige únicamente entre ellas y utiliza la tabla de temperaturas o condiciones de uso incluida por el fabricante.

Si el motor consume aceite, controla primero el nivel y busca la causa. Una viscosidad superior sólo debe contemplarse cuando esté autorizada.

Si lleva filtro de partículas, no basta con acertar la viscosidad. Es imprescindible utilizar la especificación compatible con ese sistema.

Si es híbrido, no presupongas que necesita un aceite más viscoso porque el motor térmico se encienda y apague. Precisamente esos arranques frecuentes pueden formar parte de la razón por la que utiliza lubricantes de baja viscosidad.

Si vas a hacer un viaje largo, comprueba nivel, fecha del último cambio y especificación del aceite. Lleva un litro para rellenar y no sobrepases nunca el máximo.

No existe un aceite especial para agosto

La idea de utilizar un aceite distinto en verano procede de una época en la que muchos motores admitían graduaciones muy diferentes según el clima. En determinados coches antiguos esa recomendación todavía puede ser válida, pero no debe trasladarse automáticamente a las mecánicas actuales. Los motores modernos se diseñan junto con su lubricante. La viscosidad condiciona el caudal, la presión, las pérdidas por fricción, la refrigeración interna y el funcionamiento de numerosos componentes.

Por eso, escoger un aceite más viscoso por intuición no añade una capa extra de seguridad. Puede simplemente apartar al motor de las condiciones para las que fue desarrollado.

La regla más útil para este verano cabe en una sola frase:

No busques el aceite más viscoso para soportar el calor; utiliza el que mantenga la viscosidad, el caudal y la protección previstos por el fabricante.

Con 10, 30 o 42 grados en el exterior, el mejor aceite seguirá siendo el que reúna la viscosidad SAE correcta, la especificación adecuada y la homologación exacta de tu motor.

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