El Lamborghini Fenomeno Roadster no es simplemente la versión abierta del Fenomeno Coupé. Es una declaración de fuerza en uno de los territorios donde Lamborghini mejor sabe construir deseo: el de los modelos Few-Off, esas series muy limitadas que no nacen para cubrir huecos comerciales, sino para condensar diseño, ingeniería, exclusividad y legado en piezas de colección con matrícula. En este caso, además, con un dato que lo coloca directamente en la historia de Sant’Agata Bolognese: 1.080 CV y sólo 15 unidades para el descapotable más potente jamás creado por Lamborghini.

La cifra por sí sola ya impone, pero lo interesante es lo que hay detrás. El Fenomeno Roadster utiliza un sistema híbrido enchufable de altas prestaciones con motor V12 atmosférico de 6,5 litros, tres motores eléctricos, batería de iones de litio de 7 kWh y cambio de doble embrague de ocho velocidades. Es decir, la misma lógica técnica que ha abierto la nueva era híbrida de Lamborghini, pero llevada a un escalón de radicalidad, exclusividad y puesta en escena que va más allá del propio Revuelto.
Un V12 híbrido, pero todavía profundamente Lamborghini
La electrificación aquí no se plantea como una coartada ecológica, ni como una forma de dulcificar el carácter del coche. Al contrario. En el Fenomeno Roadster, el sistema híbrido sirve para amplificar la respuesta, mejorar la motricidad, permitir vectorización de par en el eje delantero, recuperar energía en frenada y añadir un empuje eléctrico inmediato a un motor térmico que sigue siendo el centro emocional del coche.
El V12 atmosférico entrega 835 CV a 9.250 rpm y 725 Nm a 6.750 rpm, con una potencia específica superior a 128 CV por litro, el valor más alto alcanzado por un V12 de Lamborghini. A ese bloque se suman tres motores eléctricos: dos situados en el eje delantero y un tercero integrado en la zona de la caja de cambios. El resultado final son 1.080 CV de potencia combinada, 65 CV más que un Revuelto, que anuncia 1015 CV.

Las prestaciones explican el salto. El Fenomeno Roadster acelera de 0 a 100 km/h en 2,4 segundos, pasa de 0 a 200 km/h en 6,8 segundos y supera los 340 km/h de velocidad máxima. Curiosamente, no busca batir al Revuelto en punta absoluta —el Revuelto declara más de 350 km/h—, sino ofrecer una combinación muy concreta: aceleración brutal, tracción total electrificada, respuesta inmediata y una experiencia a cielo abierto sin perder el grado de precisión que exige un coche de más de mil caballos.
El dato importante: no es el roadster más potente del mundo, sino el más potente de Lamborghini
Conviene matizarlo, porque aquí está parte del rigor. Lamborghini lo presenta como el descapotable más potente jamás producido por la marca, no como el roadster más potente del planeta. En ese universo aparecen máquinas como el Aston Martin Valkyrie Spider, con un V12 híbrido de 1.155 CV, o hiperdeportivos cerrados como el Ferrari F80 y el McLaren W1, que ya se mueven claramente por encima de los 1.200 CV en sus respectivas arquitecturas híbridas.
Pero el Fenomeno Roadster juega otra partida. No compite sólo por potencia. Compite por rareza, linaje, tecnología V12, diseño y valor de colección. Sus rivales naturales no son coches que se eligen en un configurador, sino piezas de una élite casi privada: Aston Martin Valkyrie Spider, Ferrari SF90 XX Spider, Pagani Utopia Roadster, McLaren W1 o Ferrari F80, cada uno con una interpretación distinta del hiperdeportivo contemporáneo. Unos apuestan por la aerodinámica de inspiración F1, otros por la pureza mecánica, otros por la hibridación más sofisticada. Lamborghini, con el Fenomeno Roadster, insiste en su propio camino: dramatismo visual, motor V12 atmosférico, electrificación de rendimiento y una producción tan limitada que lo convierte en objeto de colección antes incluso de hablar de precio.
Un chasis de carbono pensado para que ser roadster no sea una concesión
El gran reto técnico de un descapotable extremo no está sólo en quitar el techo. Está en conservar rigidez, precisión aerodinámica, seguridad estructural y estabilidad a velocidades donde cualquier turbulencia se convierte en ingeniería. Lamborghini utiliza una estructura denominada monofuselage, inspirada en soluciones aeroespaciales y ya vista en el Revuelto, pero adaptada aquí a las necesidades específicas del Fenomeno Roadster.

La base combina un monocasco de fibra de carbono con una estructura delantera realizada en Forged Composite, integrando elementos como las estructuras de choque delanteras, el bastidor frontal, el marco del parabrisas, refuerzos traseros y faldones laterales. Lamborghini asegura que el Roadster alcanza un nivel de rigidez similar al Coupé con sólo unos pocos kilos adicionales, aunque no ha comunicado todavía el peso total del coche. Ese silencio no es menor: en un coche de 1.080 CV, el peso importa, pero en un roadster de este tipo importa todavía más cómo se distribuyen las masas, cómo trabaja la estructura y cómo se conserva la precisión con el techo abierto.
También hay una solución inédita dentro de la marca: una combinación de fibras de carbono largas y cortas junto a una mezcla de fluidos patentada, empleada por primera vez en esta configuración híbrida en un Lamborghini de serie. El objetivo no es sólo aligerar, sino mejorar la absorción de energía en caso de impacto y mantener el comportamiento estructural esperado en un coche que debe funcionar tanto en carretera como en circuito.
Aerodinámica nueva: no basta con abrir el coche
El Fenomeno Roadster recibe un paquete aerodinámico específico respecto al Coupé. Lamborghini ha rediseñado las superficies superiores para compensar la ausencia de techo y mantener valores muy próximos al modelo cerrado en carga, equilibrio y estabilidad. La clave está en gestionar el flujo de aire sobre la cabina, alimentar correctamente el V12 y reducir turbulencias sin romper la limpieza estética del coche.
Uno de los elementos más interesantes es el spoiler adicional sobre el parabrisas, una pieza de carbono que canaliza el aire por encima del habitáculo y lo conduce hacia la nueva cubierta del motor. Esta solución permite mantener la alimentación del V12 incluso sin el S-Duct del Coupé, al mismo tiempo que reduce vibraciones y turbulencias en la zona de los ocupantes.
También las barras antivuelco adquieren un papel doble. Por un lado, son un elemento de seguridad. Por otro, forman parte de la aerodinámica. Lamborghini las ha integrado en carbono, de la forma más baja y fluida posible, para que no generen ruido ni resistencias innecesarias a alta velocidad. Detrás, el difusor profundo y el alerón activo completan una receta que no busca simplemente imagen, sino estabilidad real cuando el coche rueda a ritmos que pertenecen más al mundo del circuito que al de la carretera abierta.
Frenos, neumáticos y suspensión: la parte menos vistosa, pero más decisiva
En coches como este, la potencia suele devorar todo el relato. Sin embargo, lo que define la credibilidad técnica de un hiperdeportivo no es sólo cuánto corre, sino cuántas veces puede frenar, apoyar, acelerar y repetir el proceso sin perder precisión. El Fenomeno Roadster monta frenos carbonocerámicos CCM-R Plus, una evolución derivada del automovilismo con estructura tridimensional de fibras largas de carbono, recubrimiento específico para mejorar durabilidad y ventilación optimizada para contener temperaturas de discos y pastillas en uso extremo.

La suspensión también revela su orientación. No hablamos de una puesta a punto confortable para pasear por un puerto de montaña, sino de amortiguadores de competición regulables manualmente, pensados para ajustar altura, postura y comportamiento en función de la carretera, el circuito o el tipo de uso. Esta decisión es importante: Lamborghini no disfraza al Fenomeno Roadster de gran turismo. Lo coloca más cerca de una herramienta de precisión para clientes que saben —o deberían saber— qué tienen entre manos.
Bridgestone ha desarrollado neumáticos Potenza específicos para el modelo. En configuración de carretera, monta medidas 265/30 ZRF21 delante y 355/25 ZRF22 detrás, con opción Run-Flat. También habrá un neumático semislick de nueva generación, homologado para vía pública y más orientado a circuito, en medidas de 20 y 21 pulgadas. En ambos casos, son neumáticos desarrollados a medida y con identificación Lamborghini en el flanco.
Sensor 6D: el coche mide más de lo que el conductor percibe
La dinámica del Fenomeno Roadster se apoya en un sensor 6D situado cerca del centro de gravedad del vehículo. Su función es medir en tiempo real aceleraciones longitudinales, laterales y verticales, además de velocidades angulares en cabeceo, balanceo y guiñada. Con esa información, el sistema puede estimar la velocidad real del vehículo, el ángulo de deriva y el coeficiente de fricción disponible entre neumático y asfalto.

Traducido: el coche no sólo reacciona a lo que hace el conductor, sino que interpreta el escenario físico en el que se mueve. Esa lectura permite coordinar el freno integrado, la vectorización de par, la regeneración y la gestión de la tracción. En un híbrido de tres motores eléctricos, esto es crucial, porque la ventaja no está sólo en sumar caballos, sino en repartirlos con inteligencia.
Diseño: el motor como escultura
Visualmente, el Fenomeno Roadster mantiene la gramática más extrema de Lamborghini: frontal afilado, superficies tensas, firma hexagonal, proporciones bajísimas y una trasera que convierte el motor en pieza central. La cubierta transparente deja ver el V12, enmarcado por formas hexagonales y tomas de aire que reinterpretan el motivo en Y, uno de los códigos recientes de la marca.
La silueta alarga visualmente el coche y bebe de referencias muy concretas: el Essenza SCV12, los prototipos de competición de los años 70 y el Lamborghini Manifesto, el ejercicio de diseño creado para celebrar el 20º aniversario del Centro Stile. No es un diseño limpio en el sentido clásico. Es deliberadamente teatral, pero con una lógica funcional detrás: refrigerar, estabilizar, canalizar aire y, al mismo tiempo, convertir el V12 híbrido en el gran protagonista visual.
El color de presentación tampoco es casual. El Blu Cepheus domina la parte superior de la carrocería y se combina con acentos Rosso Mars en la zona inferior. Lamborghini lo plantea como un guiño al Miura Roadster de 1968 y también como homenaje a los colores de Bolonia, rojo y azul. Es un detalle de marca, pero también una forma de conectar este coche con una tradición de prototipos, piezas únicas y roadsters experimentales que siempre han alimentado el mito Lamborghini.
Interior: tres pantallas, carbono y filosofía de piloto
Dentro, el Fenomeno Roadster desarrolla la idea “Feel Like a Pilot”. No pretende ser un habitáculo minimalista ni un salón de lujo. Es una cabina de combate, con fibra de carbono, Corsatex de Dinamica, Carbon Skin, asientos muy envolventes y una interfaz basada en tres pantallas digitales. Lamborghini habla de “Pilot Interaction”: gráficos hexagonales, botones hápticos e interruptores inspirados en la aviación para concentrar la información esencial y reducir distracciones.
La lectura es clara. La digitalización existe, pero no quiere convertir el coche en un dispositivo tecnológico frío. Todo está orientado a que el conductor sienta que gobierna una máquina física, mecánica y eléctrica a la vez. En un momento en el que muchos hiperdeportivos empiezan a parecer laboratorios sobre ruedas, Lamborghini intenta conservar una teatralidad muy propia: el motor se ve, el cuerpo se encaja bajo, los mandos se accionan con gesto y el sonido del V12 sigue siendo parte del ritual.
La ofensiva de Lamborghini: híbridos, sí, pero sin diluir la identidad
El Fenomeno Roadster también debe leerse dentro de la ofensiva híbrida de Lamborghini. La marca ya no está en la fase de prometer electrificación, sino en la de integrarla en toda su gama de altas prestaciones. Revuelto, Temerario y Urus SE forman el nuevo mapa híbrido de la marca, y los Few-Off como Fenomeno funcionan como escaparate de lo que puede venir después: materiales, aerodinámica, electrónica de control, frenos, sensores, lenguaje de diseño y soluciones que quizá no se trasladen literalmente a los modelos de gran producción, pero sí anticipan una dirección.
Ese es el papel histórico de los Lamborghini de serie limitada. El Reventón abrió en 2007 una línea de modelos Few-Off desarrollados por el Centro Stile. Después llegaron Veneno, Centenario, Sián y otras piezas que no sólo buscaban exclusividad, sino también ensayar códigos estéticos y técnicos. El Fenomeno Roadster se sitúa en esa misma tradición, pero con un matiz decisivo: ya no representa la última resistencia del V12 antes de la electrificación, sino la confirmación de que el V12 de Lamborghini sobrevive precisamente porque se ha electrificado.
Un coche sin precio, sin consumo homologado y casi sin mercado real
Lamborghini no ha comunicado precio y los datos de consumo y emisiones están todavía en fase de homologación. Tampoco hace falta mucho más para entender el producto. Con sólo 15 unidades, su mercado real es el de los grandes coleccionistas, clientes históricos de la marca y garajes donde el coche vale tanto por lo que hace como por lo que representa.

Y eso no le resta importancia. Al contrario. En plena transformación del automóvil, estos coches dicen mucho sobre hacia dónde se mueven las marcas más emocionales. El Lamborghini Fenomeno Roadster demuestra que la electrificación no tiene por qué borrar el carácter de un superdeportivo si se utiliza como amplificador de prestaciones y no como sustituto de la personalidad mecánica. En este caso, el V12 sigue mandando. La electricidad no lo silencia: lo escolta, lo empuja y lo hace todavía más eficaz.
El resultado es un Lamborghini difícil de clasificar con criterios convencionales. No es sólo un roadster de 1.080 CV. No es sólo una edición de 15 unidades. No es sólo una versión abierta del Fenomeno. Es una pieza de transición entre dos épocas: la del V12 como símbolo absoluto de Lamborghini y la del hiperdeportivo híbrido como nueva medida de rendimiento. Y quizá por eso tiene sentido que se llame Fenomeno. Porque no pretende ser normal, ni accesible, ni razonable. Pretende ser exactamente lo contrario.

